Hay máquinas que cuentan historias solo con mirarlas. El Rey del Oeste, fabricado por Jumaci S.L. de Madrid, es una de ellas.
Jumaci fue una pequeña empresa madrileña que operó entre 1966 y 1975, en plena era dorada del pinball electromecánico español. De toda su producción apenas se conocen tres modelos en los registros mundiales de preservación arcade, y el Rey del Oeste es uno de ellos. Una rareza que bordea lo irrepetible: no existe ningún ejemplar conocido en manos de coleccionistas activos en todo el mundo. Hasta que llegó al Templo del Arcade.
Nada más ver el tablero ya entiendes por qué esta máquina merece estar aquí. El arte del playfield es una explosión de color típica de la época: figuras femeninas de estética retro con aires de ilustración de tebeo, naipes de baraja española —copas, espadas— repartidos por todo el tapete verde, y en el centro una gran ruleta numerada del 1 al 8 con una zona especial marcada. Todo pintado con esa vivacidad característica de los fabricantes españoles de los 70, que competían en diseño con los grandes americanos.
En el centro del tablero destaca un elemento que lo dice todo sobre la filosofía del pinball de la época: un bumper con la inscripción "ESPECIAL — 100.000 PUNTOS — CON LUZ". Simple, directo, emocionante. Cuando esa luz se encendía, el corazón se aceleraba.
La partida costaba 1 DURO — cinco pesetas — con premio por puntos al llegar al millón ochocientos mil.
El Rey del Oeste no es solo un pinball: es un documento histórico que funciona. Que exista, que esté restaurado y que puedas jugarlo en 2024 es casi un milagro. No hace falta ser aficionado al pinball para entender lo que significa tener delante una máquina de la que no existe ningún otro ejemplar activo en el mundo.