1994 fue un año extraño para el cine. Hollywood decidió que las series de animación clásicas de Hanna-Barbera merecían versiones de acción real con presupuestos enormes, y la primera en saltar a la pantalla grande fue "Los Picapiedra". John Goodman como Fred Flintstone, Rick Moranis como Barney Rubble, y un Bedrock que costó más de 46 millones de dólares construir.

Williams vio la oportunidad y encargó a Steve Ritchie — uno de los diseñadores de mesas más respetados de la historia — que convirtiera esa película en pinball. El resultado llegó ese mismo año: una mesa que capturaba el espíritu prehistórico-moderno de los Picapiedra con una fidelidad sorprendente y un juego más profundo de lo que la licencia hacía prever.

No era la primera vez que Williams apostaba por licencias de cine para sus mesas. Pero The Flintstones tenía algo que muchas otras no tenían: personalidad propia dentro del tablero.

Williams en 1994 ya dominaba el audio en pinball como nadie. The Flintstones tiene voces digitalizadas de los actores de la película — o al menos de los dobladores — que suenan en respuesta a casi todo lo que pasa en la mesa. Fred grita "¡Yabba-Dabba-Doo!" cuando completas una rampa. Barney comenta tus fallos con ese tono entre inocente y condescendiente que le caracteriza. Dino ladra cuando la bola pasa por su zona.

La música sigue los temas instrumentales de la película, con ese estilo orquestal de grandes estudios que Hollywood usaba en los 90. No es la música de la serie original — esa quedaría para siempre en la memoria colectiva — pero cumple su función de mantener la energía del juego.

En un salón recreativo de 1994, escuchar "¡Yabba-Dabba-Doo!" saliendo de un pinball desde el otro lado del local era suficiente para acercarse a ver de qué se trataba.

The Flintstones es un pinball sólido, divertido y con una personalidad visual y sonora muy bien construida. No está en el Olimpo de Williams — ese lugar lo ocupan The Twilight Zone, Medieval Madness o Addams Family — pero es una mesa que merece más respeto del que suele recibir.

Para los coleccionistas es una opción interesante: no tiene el precio desorbitado de los grandes clásicos, el sistema WPC es robusto y los repuestos son fáciles de conseguir. Para quien quiera iniciarse en el coleccionismo de pinball sin hipotecarse, The Flintstones es una puerta de entrada muy digna.